1. En pocas palabras:

Una terapia especializada, utilizada principalmente en niños, que ayuda al cerebro a procesar e integrar adecuadamente la información que recibe de los sentidos (tacto, movimiento, equilibrio, propiocepción), mejorando así el comportamiento, el aprendizaje y la participación en las actividades diarias.

2. ¿Dónde la ubicamos?

En el ámbito de la terapia ocupacional pediátrica y del desarrollo neurológico.

3. ¿Cómo lo hacemos?

Se realiza en salas equipadas con columpios, trampolines, túneles, piscinas de bolas, y se diseña un plan de actividades personalizado basado en una evaluación detallada.

4. ¿Para quién es esto?

Principalmente para niños con Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS), a menudo asociado al autismo, TDAH, retrasos en el desarrollo, o dificultades de aprendizaje. Para niños que son hipersensibles (se molestan con ruidos, texturas) o hiposensibles (buscan chocar, girar, morder) a los estímulos sensoriales.

5. Así es una sesión:

Parece un juego, pero tiene un propósito terapéutico muy claro. En una sala llena de equipos, guío al niño a través de actividades que desafían su sistema sensorial de manera controlada y divertida. Por ejemplo, columpiarlo para trabajar el equilibrio (vestibular), hacerle rodar con una pelota gigante para la propiocepción, o jugar con texturas diversas para la sensibilidad táctil. El niño elige y yo dirijo suavemente para asegurar que reciba el “input” que su cerebro necesita para organizarse.

6. ¿Por qué da resultado?

Se basa en la neuroplasticidad del cerebro infantil. Cuando el cerebro no procesa bien la información sensorial, el niño puede estar en un estado constante de “alerta” o “búsqueda”, lo que afecta su atención, su conducta y su aprendizaje. Al proporcionar experiencias sensoriales repetidas, intensas y placenteras en un contexto de juego, se ayuda al cerebro a crear nuevas conexiones neuronales y a regularse mejor, lo que se traduce en un niño más calmado, enfocado y coordinado.

7. Lo que suele notarse (según los padres y terapeutas):

· Mejora en la capacidad de atención y concentración.

· Mayor tolerancia a texturas de comida o ropa.

· Mejor equilibrio y coordinación motora.

· Disminución de las rabietas o conductas desafiantes relacionadas con sobrecarga sensorial.

· Mejor calidad del sueño.

8. Antes de venir, ten en cuenta:

· Se requiere una evaluación inicial por un terapeuta ocupacional con formación en Integración Sensorial.

· La ropa del niño debe ser cómoda y que se pueda manchar.

· La participación de los padres en el proceso y en las recomendaciones para casa es fundamental.

· Los progresos pueden ser lentos pero muy significativos.

9. Nuestra sesión:

Una sesión típica dura entre 45 y 50 minutos.

La frecuencia suele ser de 1 a 2 veces por semana. El proceso puede extenderse por varios meses o años, según las necesidades.